¿Ocultas tu llanto frecuentemente? ¿Sueles esconder tu
tristeza? ¿Logras aguantar esas lágrimas que te desbordan el alma?
Muchas veces tenemos doble cara, y no todos sabemos
diferenciar cuál es la verdadera, porque solo pocos se atreven a preguntar si
realmente nos pasa algo.
Siempre que te saludan por la calle y te preguntan -¿Cómo estás?- Nunca esperarían un – estoy mal- como respuesta, sería el fin para cualquiera. La mayoría espera un –todo bien- y listo ¡chau!, entonces uno puede irse tranquilo a su casa, porque lo único que quería era saludar por cortesía, no para saber en realidad como se siente uno. Por lo que no todos se preocupan realmente por lo que nos pasa. Pero cuando la pregunta va enserio, nuestro interior se desborda y esa sonrisa falsa que teníamos hasta entonces, desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Porque nadie tiene la capacidad de soportar tanto dolor, y menos cuando es interior y sólo nosotros lo contemplamos sin saber qué hacer.
Y aunque a veces sea un poco aburrido o de poco interés saber que le paso al otro, creo que hay que darles el hombro en el momento en que lo necesitan, porque tienen que sacar al exterior lo que los inquieta, y no seguir guardándolo en un rinconcito hasta que explote de una peor manera.
Siempre que te saludan por la calle y te preguntan -¿Cómo estás?- Nunca esperarían un – estoy mal- como respuesta, sería el fin para cualquiera. La mayoría espera un –todo bien- y listo ¡chau!, entonces uno puede irse tranquilo a su casa, porque lo único que quería era saludar por cortesía, no para saber en realidad como se siente uno. Por lo que no todos se preocupan realmente por lo que nos pasa. Pero cuando la pregunta va enserio, nuestro interior se desborda y esa sonrisa falsa que teníamos hasta entonces, desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Porque nadie tiene la capacidad de soportar tanto dolor, y menos cuando es interior y sólo nosotros lo contemplamos sin saber qué hacer.
Y aunque a veces sea un poco aburrido o de poco interés saber que le paso al otro, creo que hay que darles el hombro en el momento en que lo necesitan, porque tienen que sacar al exterior lo que los inquieta, y no seguir guardándolo en un rinconcito hasta que explote de una peor manera.

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