1856.
Helen y Marco, una pareja de jóvenes unidos por el amor, quienes enfrentaban todo límite que se les interponía.
Helen; una joven de alto nivel jerárquico, hermosa de pelo negro-oscuro, con ondas en las puntas, sus ojos celestes demostraban pureza, confianza y seguridad. Cualquier hombre moriría por pedir su mano. Ella era la conocida hija del Rey, Miguel Ángel, quien reinaba todo el pueblo, un hombre sombrío, el cual no era de muchas palabras.
Marco; un panadero huérfano, quien vivía en una pequeña choza con su abuela enferma a la cual él cuidaba. Él era un joven hermoso y apuesto con cara cansada, pero sus ojos marrones estaban brillantes llenos de vida, y una sonrisa encantadora que ponía loca a las comerciantes que iban a su panadería.
Ambos se conocieron una tarde a fines de otoño, cuando las hojas caían para dar lugar a la nueva vida en primavera.
El Rey Miguel Ángel daría la fiesta más importante y elegante en su reinado, por lo cual solicitaba el servicio de muchas partes cercanas del pueblo. Debido a eso pidió a la panadería, donde trabajaba Marco, el pan más delicioso y esponjoso que podía haber en el mundo. Marco lo preparó y fue a entregarlo. Al golpear el gran pórtico del reino, la joven Helen atendió. Ambos chocaron la mirada y fue ahí cuando el amor nubló, invadió sus corazones. Definitivamente fue amor a primera vista. Desde ese momento el amor surgió, y empezaron a encontrarse a escondidas sobre un deteriorado puente abandonado, pero este significaba mucho para ellos ya que pasaban horas y horas juntos en él.
Un día el rey los descubrió, esto para él era una deshonra, una gran desilusión por parte de su hija, al ver que amaba a un simple panadero de clase baja. Entonces, hizo hasta lo imposible por separarlos.
Ellos sabían que un día todo acabaría, y así fue.
Un día Helen escapaba del reino a altas horas de la madrugada para encontrarse con su amado.Su padre estaba al tanto de lo que sucedía que se decidió por seguirlos y acabar con esto.
Helen divisó a Marco a lo lejos, mientras se acercaba a donde se encontraba él, en el puente. Las emociones que corrían por su cuerpo, la obligaron a correr entre sus brazos.
El Rey al llegar al puente vio que su hija se encontraba con Marco y no dudó ni un segundo más, su ira y decepción hicieron que lanzara una flecha, la cual impactó entre ambos cráneos. Helen y Marco murieron, cayeron del puente a las profundidades del agua. Ni la muerte logró separarlos, ambos murieron entrelazados en un último abrazo de verdaderos sentimientos.

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